CORONAVIRUS VII

septiembre 15, 2020

Anoche llovió largas lágrimas la Tierra.
Hoy ha amanecido con bandadas de crisálidas rosas, fucsias y escarlatas. ¿Será la represalia de las larvas contra el ataque abierto y declarado del Papa Azul hacia éstas? ¿Acaso no será la siguiente fase en su mutación? ¿Se habrán rendido finalmente ante el poder del “club de los bichos poderosos”? ¿Quién sabe?
Sólo sabemos que acaba de amanecer un nuevo y distinto día en CoronaTierra. Un día en el que la manifestación violenta de los niños-coleóptero vuelve a ser noticia en las redes.
El puzle de la recombinación genética campa a sus anchas por el tejido social del planeta. Una mariposa imposible abre sus alas ante tamañas anomalías, y la fuente de la que beben los niños-mosquito ha vuelto a ser envenenada con falacias más duras que un puño cerrado.
Todo cabe en CoronaTierra desde que los niños-porcino hicieran su aparición. Nada ha vuelto a ser lo que era.
El mundo es un fractal deseoso de cambiar a cada instante, si es posible a peor. Ya no es que la realidad sea más poliédrica que nunca, es que los ojos reticulares de los niños-bicho también observan miles de situaciones superpuestas en el devenir de esta Era.
Es como una pesadilla sin nombre. Un mundo sin ley. Un horror sin rostro verdaderamente definido.
Por desgracia, es mi planeta natal.

Eduardo Ramírez Moyano

EL APERITIVO

agosto 26, 2020

Todos calzaban zapatos rojo sangre, que relucían en la noche violada y profanada de Haití, mostrando claramente media luna cornuda, satánica y brillante, conocedora cómplice de los innominables actos que allí solían perpetrar los bichos poderosos cuando se reunían.
El maestro de ceremonias era Puertas y Ventanas, no faltaba nadie, el club de los bichos asquerosos, y el Cabal entero.
Todos y todas estaban expectantes ante Puertas y Ventanas, bajo la luz azulada del gigantesco, súper tecnológico y placentero salón. Mientras un suave hilo musical con “El Nuevo Mundo” de Dvorak, se filtraba a través de los tímpanos de los asistentes, las paredes comenzaron a abrirse en abanico, dejando ver cientos de incubadoras, perfectamente ordenadas, en cuyo interior habitaban bebés vivos.

– Aquí tenéis mi regalo, como os prometí -dijo Puertas y Ventanas- y continuó matemáticamente, a la derecha, embriones de 6 meses, sangre muy pura, cuerpos muy sanos, a la izquierda, neonatos, recién nacidos, (de 0 a 2 meses), (de 2 a 6 meses) y (de 6 meses al año), justo detrás de mí tenéis niños y niñas de todas las edades crionizados, y detrás de vosotros, lo que me tiene tan ilusionado, los neo-hombres, los hombres y mujeres del futuro.
Hubo suspiros, oes, y finalmente aplausos. El escabroso colectivo se disgregó hacia las incubadoras y cámaras de crionización. Hablaban entre ellos, se sorprendían, señalaban, se reían, como si estuviesen viendo una película, no les importaba nada en absoluto aquellas vidas. Eran de su propiedad y podían hacer lo que quisieran con las mismas.

– ¡Por favor! ¡Escuchen! -dijo el anfitrión:


Los meta-humanos aún están en fase de experimentación. Todo lo demás es como siempre. Según preferencias y enfermedades que tenga cada cual, deberá consumir la carne de bebé, niño o niña de la edad que mejor le convenga, para aprovechar al máximo los efectos del adrenocromo, les acompaña esta vez un robot experto, trato individualizado, en la elección del tipo y cantidad, que ya conoce sus antecedentes médicos; como bien saben, al lado de cada incubadora hay una sonda preparada para extraer sangre del bebé o niño y verterla a la copa-cubeta que mis androides les están proporcionando.
Y, al decir esto, se acercó a una incubadora, donde reposaba una niña de 6 meses de edad, junto a la cual se encontraban hablando entusiasmadamente Amabo, Notnilc y Yrallih, y se unió como uno más a la charla, levantando la copa y diciendo a grito pelado:


-¡Por Satán!

Todo el pabellón se fundió en un atronador y espeluznante alarido, mientras los miembros alzaban las copas:


-¡Por Satán! ¡Por Satán!


Mientras, el adrenocromo de niños corría por las gargantas de los asistentes, se sellaban pactos internacionales de trata de mujeres y menores, de tráfico de droga y de órganos, se decidía el rumbo de la Humanidad bajo los efectos de la glándula pineal del cerebro bien activada, para olvidar que jugaban con seres humanos, para colocarse tanto que no pudiesen reconocer las terribles atrocidades que estaban cometiendo…

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS VI

agosto 26, 2020

Amanece rojo sangre tras la órbita de una Luna descendente. En el poblado Atuk, donde viven la mayoría de los niños-mantis, justo detrás de los añosos sauces tronchados, tiene lugar una ceremonia muy particular (la operación a través de Realidad Virtual para que Ojazos desarrolle branquias).
El chamán-cirujano (el díptero Don Luís) trabaja en secreto desde un laboratorio de alta tecnología ubicado en la zona norte de la metrópolis. Estado de Carolina del Norte, donde se dieron los primeros casos del coronavirus, de creación humana, antes que en Wuhan (China), como dice la caja tonta.

– Bisturí -reza una voz chirriante.

– Más anestesia… ¿Constantes vitales?

– ¡Sí, doctor! -emite una androide S-15

– ¡Proceda! -continúa el cirujano.


Entonces, dos brazos mecanizados siguen con la operación, bailando al compás de música de fondo de Chopin.
Por ahora todo va bien, pero no terminarán antes de las 9 de la mañana, cuando la red se satura.
La guerra abierta entre los niños-rata y los niños-mosquito está provocando un verdadero colapso en las redes. Los piratas informáticos de los niños-coleópteros extraen su mejor información de los poderosos en estos días.
La propagación del virus del miedo galopa a sus anchas por CoronaTierra, mientras el Papa Azul cavila cómo deshacerse de las malditas larvas rosa.

– ¡Adelante, Ojazos, tú puedes! ¡Un último retoque! y ¡Oh, la, la! ¡El océano es tuyo, amigo! -grita entusiasmado el equipo a ambos lados de la red.


Se despiden todos de la operación clandestina, dejando a Ojazos en reposo, y fuera, el Sol matinal se torna de un naranja potente que embriaga todos los sentidos.

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS V

agosto 11, 2020

Las consultas de los metaterapeutas estaban abarrotadas: ” Quiero sacar el pez que llevo dentro”.

– Paciencia – le contestaba un abstractor de clase omega.
Mientras, fuera del caro complejo “Optimiza tu Genética”, el holograma de un enorme cartel publicitario mostraba la imagen del Papa Azul pidiendo desafección a las “larvas fucsia”, que ya representaban la primera religión a nivel mundial. Era normal. Habían acabado con el hambre en la Tierra. ¡Ese era un buen Dios!
Caía el Sol aplastante de las 4 de la tarde y cada raza ejercía su rol, habían desaparecido tantas profesiones, pero habían nacido tantas otras, el mundo era un circo de bichos en un planeta que continuamente se estaba rebelando en forma de pandemias abrumadoras.

– Ojazos, me temo que no podré abstraerte tus branquias – prosiguió el genetista (que era un mosquito tigre, amigo de la familia)

– ¿Y eso por qué, Don Luis? – preguntó.

– Es difícil de explicar, pero iré al grano, no eres un niño-mantis puro…

– ¿Es decir, tengo algún cruce más? – añadió inquisitivo Ojazos.

– No sólo eso, ¡eres pan-racial!, ¿te das cuenta?, tienes ADN de todas las razas, ¿sabes de qué te hablo?, Eres único, y eso te hace poderosísimo. Nadie debe conocer esto. Huye de los poderosos y haz el Bien.
Ojazos quedó estupefacto.

– ¡Anda, huye, ves al bosque con los niños-mantis! – le gritó.

– ¿Y las branquias? – gritó Ojazos.

– Te operaré a través de Virtual, no conviene que nos vean juntos – le tranquilizó.

– ¡Gracias, Don Luis! ¡Suerte, amigo!

– ¡Mucha suerte, Ojazos!

Eduardo Ramírez Moyano

RESISTENCIA AL NUEVO ORDEN MUNDIAL

agosto 9, 2020

Debéis comprender que la mayoría de los seres humanos están despertando. Y lucharán con sus vidas hasta la muerte.
Ya no creemos en los bozales, no somos vuestros esclavos, ni somos cobayas para que experimentéis con nosotros. No creemos en vuestra plandemia. Y no vamos a permitir que nos inoculéis ARN, ADN, ni micro-chips con los que controléis nuestros cuerpos y nuestras mentes.
Vamos a incinerar vuestra hoja de ruta. No claudicaremos ante vuestras órdenes, siempre plenas de miedo y falsas utopías.
Espero que algún día seáis juzgados por genocidio y crímenes de lesa humanidad, a causa de esta Tercera Guerra Mundial (biológica), utilizando un arma creada en laboratorio ( el virus SARS-COV-2 modificado)
Gane quien gane esta sucia guerra, el mundo quedará gobernado por una élite de tecnócratas totalitaria, globalista y plutocrática que tendrá un control absoluto sobre todos los seres humanos, como nunca ha habido, en la faz de la Tierra.
No miramos la caja tonta, dictadura de las ideas. No estamos solos, no vais a poder con todos por muy poderosos que seáis.

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS IV

julio 28, 2020

Y sólo quedaron los niños-porcino (afectados de neurosis crónica, autolesiones, y una mezcla de sacrificio y entrega totales), facción blanda y maleable por los poderosos, casi siempre al servicio de los niños-rata (de elevado nivel psicótico, que a veces elegían la resistencia, y otras la facción de “control y seguridad” dada su valentía) y los niños-cucaracha (dirigiendo los poderes políticos y mediáticos). Los niños-hormiga, trabajadores esclavizados manteniendo los pocos cimientos que quedaban de la sociedad aún en pie, maldecida por microorganismos mutantes sin precedentes; los niños-mosquito, poderosos explotadores de éstos (que abarcaba jueces y políticos)
Y los niños-escarabajo, nutrida y principal fuente de resistencia contra el poder, denominada con el calificativo de facción dura.
No se sabe si la influencia de las “larvas fucsia” impidieron la Tercera gran guerra, pero por algún motivo que escapa a la razón, cuando los niños-cucaracha fueron a desatar la ira nuclear, se vieron ante la “muerte fucsia”, esto es, quedaban petrificados y con la piel de un tono rosado.
Alguien decidió sabiamente que, mientras “esas cosas rosas” venidas de fuera de nuestro planeta no quisiesen que nos auto-eliminásemos como especie, no debíamos hacerlo.
Un cruce entre porcino y coleóptero dio lugar a una niña-mantis religiosa descomunal del color del Arcoiris, que significaría el primer mesías de las “Larvas fucsia”, una doctrina que las veneraba cual Deidad, y que con el tiempo adquiriría el tamaño de religión. Además, ya no era necesario el uso de la violencia para conseguir comida. Las Larvas fucsia, que estaban diseminadas por todo el planeta, eran bulbos gigantescos plenos de escamas, una sola servía para alimentarse una jornada entera y poseía un sabor dulce exquisito, que también hidrataba como un litro de agua del mejor de los manantiales.
Se decía que los niños-mantis religiosa poseían capacidades sobrenaturales, tales como levitar (en estados profundos de meditación), leer la mente, sanar, y algunos habían desarrollado branquias, por lo que se hablaba ya de la siguiente generación: Los niños-peces.

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS III

julio 14, 2020

Después de las plagas de niños-insecto, y tras invalidarse la vacuna, recientemente descubierta, al mutar el coronavirus en un virus más letal, el confinamiento fue mayor y las mascarillas FPP2 inservibles ahora.
Para no contagiarse del nuevo virus se necesitaba portar un coronacasco, y éstos alcanzaban un precio elevadísimo en el mercado. Fue el mayor negocio de la Historia: La venta de coronacascos. Hasta los más pobres malvendían sus únicas pertenencias para comprar su seguridad.
Ya nadie creía en sus gobiernos, y se veían grupos de adolescentes con coronacascos desvalijando supermercados, escenas dantescas cuya fama y aspecto externo daría lugar en el futuro al siniestro apelativo de niños-escarabajo.
Se sentían poderosos. Este instrumento les volvía partícipes de una élite, que no se amedrentaba ante nada.
Realmente los niños-coleóptero representaron la primera y verdadera resistencia ante los líderes mundiales. Por desgracia, los niños-escarabajo también sucumbirían en el curso de la segunda mutación del coronavirus.

Eduardo Ramírez Moyano

Foto: Internet

DENTRO DE TU AVATAR

junio 27, 2020

Vuelvo a estar dentro de tu avatar, princesa del bien y del mal, cuando la inmensidad del cielo no es más que otra parcela del mar, reflejo marmóreo de un Dios corpóreo y crepuscular, para sumergirme de pleno en tu abismo vaginal y en tus interiores floridos de coral y musgo bucear, ¡oh, reina ideal!, holograma complementario de mi avatar, inicia el ritmo de las dimensiones que, despierto, me hacen soñar…
Aquella chica, mi amor de Facultad, hoy ya puedo hacerlo con ella en Realidad Virtual, y de nuevo configuro la versión más caliente a partir de una foto, ¡Dios!, su presencia me vuelve loco, y enardece mi serpiente hacia delante y hacia atrás, vueltos tus ojos, divina sería poco, preparándonos para volar…

Eduardo Ramírez Moyano

Foto: Internet

CORONAVIRUS II

junio 4, 2020

CORONAVIRUS II

Durante el segundo confinamiento global por el nuevo Coronavirus de finales del 2.020, sólo ocuparon las grandes metrópolis los niños-hormiga, resistentes a la última cepa, y las larvas fucsia, que nadie sabía de dónde habían salido, pero su luz envolvía todo con un halo sobrenatural, mágico y apocalíptico a un tiempo.
Las personas con recursos se marcharon a vivir a sus casas de campo y las callejuelas de las principales ciudades se plagaron de los mencionados niños-hormiga, infantes vagabundos que no necesitaban mascarilla, acostumbrados al hedor de la sociedad.
Se cree que la primera mutación de éstos, dio lugar a los, poco conocidos, niños-mosquito, que evolucionaría en jueces y políticos con la capacidad de absorber la sangre. Líderes bebiendo de la savia del sauce, libando el polen de la primavera hasta hartarse, mientras con cautela dosificaban el grado de anestesia que necesitaba la sociedad.

Eduardo Ramírez Moyano

Foto: Internet

¡AHORA!

mayo 13, 2020

 

¡AHORA!

 

¡Sí, lo prohibido es mi bioma, cada vez que entre los cortinajes te asomas, divina hija de la aurora! ¡ hagámoslo ahora!, que nos miran los vecinos como si fuéramos su droga, ¿para qué una alcoba?, ¡que nos vean todos! Copulemos ante el mundo cuales perros sordos, ¡venga, nena, que me inflamas las venas! ¡Hagámoslo ahora! En el portal, en el ascensor, en el claror de las estrellas, sin importarnos el tiempo y el lugar… ¡Sólo volar!

Y que nos pasemos de rosca en el amor, flor bendita de mi pasión, Rosa de Venus, racimos de fuego en el fragor. Dejemos para los cuerdos el cálido salón, y ¡hagámoslo ahora!

 

Eduardo Ramírez Moyano

 

 

Foto: Internet

 

AHORA